Mike Waltz acusa a la familia Castro de vivir entre lujos mientras Cuba afronta carencias

El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, llevó una denuncia sobre los privilegios de la familia Castro a una reunión con representantes diplomáticos. Según su exposición, mientras numerosos cubanos atraviesan dificultades, la cúpula gobernante y sus allegados tendrían acceso a bienes y residencias de lujo. Sus afirmaciones fueron presentadas como acusaciones, no como conclusiones de una investigación judicial.
Waltz evocó una advertencia del expresidente estadounidense Ronald Reagan acerca de las élites cubanas y sostuvo que continúa siendo pertinente. Como ejemplo, afirmó que Fidel Castro lucía dos relojes Rolex cuyo valor actual estimó en unos 40.000 dólares. El diplomático comparó esa cifra con el salario medio de la isla y señaló que equivaldría, según estadísticas oficiales cubanas que citó, a 55 años de ingresos.
Durante su intervención también mostró imágenes que, según dijo, exhibían al actual presidente de Cuba con un Rolex y otros artículos costosos. Waltz argumentó que esos objetos contradicen las denuncias del Gobierno cubano sobre las consecuencias del embargo estadounidense. La presentación incluyó además propiedades que atribuyó a la familia Castro, entre ellas Nave Pilar, un refugio costero en Varadero.
El embajador describió ese lugar como un complejo de unos 14.000 metros cuadrados, con piscinas, pisos de mármol, muelle privado, gimnasio, sauna y jacuzzis. También habló de otra residencia con seis habitaciones, una piscina de 20 metros y carpintería hecha, según su relato, con cedro importado de la Amazonía brasileña. A esas propiedades las presentó como parte de un amplio patrimonio inmobiliario.
Waltz sostuvo asimismo que la familia tendría una isla privada llamada Cayo Piedra, equipada con marina, yate, restaurante flotante, habitaciones para huéspedes, piscina y una laguna con delfines. Mencionó otra isla con animales exóticos, aunque no precisó dónde estaría ni quién sería su propietario.
Entre las imágenes proyectadas figuró Antonio Castro, hijo de Fidel Castro, durante unas vacaciones en el Mediterráneo. El diplomático dijo que viajaba en un yate de lujo de 50 metros y situó la escena, de manera tentativa, en Saint-Tropez. Añadió que periodistas turcos que intentaron fotografiarlo habrían sido atacados por sus guardaespaldas.
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